Adolescentes, redes sociales e imagen corporal

La adolescencia: una etapa especialmente sensible

Entre los 13 y los 18 años hay muchos cambios, tanto físicos como emocionales, y es una etapa en la que es muy habitual compararse con los demás. Las redes sociales pueden hacer que esta comparación sea casi constante, porque continuamente estamos viendo cómo son los demás, cómo visten, qué cuerpo tienen o cómo se muestran.

Pero no todos los adolescentes lo viven de la misma manera. Depende mucho de cómo sea su autoestima, de su entorno familiar y social, de las experiencias que hayan vivido y también de la importancia que den a su aspecto físico.

Durante la adolescencia se está construyendo la identidad y aumenta la importancia de la mirada de los demás. Las redes pueden intensificar las comparaciones. El “¿Cómo me veo yo?” Empieza a mezclarse con “¿Cómo me ven los demás?”

El problema de compararse con imágenes que no son reales

El uso de filtros, retoques, poses, iluminación, selección de fotografías…todo ello puede llevar al adolescente a estar comparando su cuerpo real con una versión digitalmente modificada de otra persona y también con su propia versión filtrada.

Cuando los likes empiezan a medir nuestro valor

Podemos acabar fusionándonos con pensamientos como: “Si no consigo likes, no soy atractivo/a”. “Si todos tienen ese cuerpo, yo también debería tenerlo”. “Necesito verme bien para sentirme bien”.

No es lo mismo pensar “soy feo/a” que darse cuenta de “estoy teniendo el pensamiento de que soy feo/a”, ya que este pequeño cambio permite tomar distancia.

Chicos y chicas: diferentes presiones, misma necesidad de aceptación

No centrarlo exclusivamente en chicas. En ellas puede aparecer más presión relacionada con delgadez, belleza, piel, etc…en ellos, musculatura, fuerza y determinado ideal corporal. Pero el mecanismo puede ser parecido: “Tengo que parecerme a este ideal para sentir que valgo y para ser aceptado”.

No necesitamos amar nuestro cuerpo todos los días

Es necesario identificar la diferencia entre: “Tengo que amar mi cuerpo” y “Puedo aceptar que hoy no me gusta cómo me veo y aun así, seguir haciendo cosas importantes para mí”. Esta distinción conecta directamente con la aceptación del malestar. Por ejemplo:” Hoy no me siento cómodo/a con mi cuerpo, pero eso no significa que tenga que dejar de ir a la playa con mis amigos”.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Es importante el papel de la familia y de las personas más cercanas a los adolescentes. No es tanto el buscar un síntoma aislado, sino observar cambios al respecto de su comportamiento habitual.

Por ejemplo:

  • deja de hacer actividades que antes disfrutaba
  • evita fotografías
  • no quiere ir a la playa o piscina
  • se mira constantemente al espejo
  • se compara continuamente
  • cambia radicalmente su forma de vestir
  • se aísla
  • aumenta la irritabilidad
  • aparece mucha preocupación por el aspecto físico
  • ejercicio excesivamente rígido
  • preocupación constante por comida, peso o cuerpo

Más que preguntarnos solamente qué dice un adolescente sobre su cuerpo, tenemos que observar qué está dejando de hacer por culpa de su cuerpo.

El papel de la familia: acompañar sin controlar

Acompañar no significa vigilar constantemente, a veces utilizamos frases bienintencionadas como: ”Pero si eres guapísima/o “No estás gorda/o”, “No tienes ningún motivo para sentirte así”. Estas frases pueden no ayudar demasiado, porque estamos intentando convencerle de que no debería sentirse como se siente y estamos invalidando sus emociones y sentimientos.

Podemos utilizar en cambio: “Veo que últimamente esto te preocupa bastante. Si quieres hablar de ello, estoy aquí” o “No sé exactamente cómo lo estás viviendo, pero me importa saber cómo te sientes”. Esto transmite presencia, aceptación y disponibilidad.

El objetivo no debería ser conseguir que nuestros adolescentes estén siempre satisfechos con su cuerpo. El objetivo es ayudarles a que su cuerpo no se convierta en el centro de su vida. Para que puedan ir a la playa aunque tengan un día de inseguridad o puedan hacerse una fotografía sin necesitar la aprobación de todo el mundo. Que puedan entrenar porque disfrutan haciendo deporte y no porque sienten que quieren demostrar algo. Que puedan elegir su ropa porque les gusta, no porque necesitan esconder su cuerpo.

Y sobre todo, que puedan construir su vida alrededor de aquello que realmente les importa.

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Mª Ángeles Ortega
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